¿Dónde has entrado?

Acabas de entrar a un extraño mundo, donde el discernimiento humano escribe con una extraña pluma. Mi teclado es rodeado por mi locura en un extraño halo que no puedo alcanzar a definir y cuando se mezcla con algunos profundos sentimientos... da este blog como resultado.

miércoles, 9 de enero de 2008

Bóveda vidriada


Me abstraigo mientras intento recomponer los cristales que se rompieron en mi bóveda celeste y estrellada. Escucho música como dulce ruido de fondo. Tengo ganas de recomponer el mosaico que yo mismo he destrozado.

Corrientes eternas de un extraño viento polar me rodean y rompen pequeñas porciones de mi cúpula de bellos colores de cielo nocturno.
Es la tristeza acicalándose en mi interior cada día. Aunque por fuera me muestre feliz, confiado y seguro, hay inseguridades profundas en un silo de metros adentro que me hacen destruir mucho de lo construido con el vidrio potente en colores y en buenos recuerdos, aunque hayan otros no tan buenos con tantos defectos. Y quizás sean los malos recuerdos los culpables de tanto esperpento.

Cada día sueño con la cúpula acabada, con mi bóveda terminada. Pero este deshacer y hacer vital me lo impide y creo que me lo impedirá siempre. Pero quizás no sea importante la utopía inalcanzable que yo quiero en mi futuro sino el recorrido con mil sudores que he de recorrer aunque sea para nunca alcanzar esa meta imposible.


Mientras tanto me conformo con no conformarme con el yo que soy. He de mejorar mis mañas haciendo vidrieras hermosas y bellas que un día mire anonadado al mirar atrás.

lunes, 7 de enero de 2008

Congelado


Oigo voces que no quiero escuchar, que intercambiaría sin duda alguna por otras que me son más cercanas aunque las oiga en suspiros insonoros por la distancia. Harto, harto de no tener valor para pegar el salto que me lleve a algún otro lugar...

Quizás es la soledad lo que busco, lo que añoro, lo que deseo. O quizás no.

Demasiadas preguntas tengo en la cabeza queriendo resolver sin dilación, sin tardanza, pero cada vez el tiempo pasa más y más lento, y yo deshago el telar que Penélope teje en mi mente con las respuestas una y otra vez. Y lo más fastidioso es que casi siempre es sin querer, por el simple olvido, por el pasotismo rancio de mi rutina. Porque aunque me las dé de inconformista... me conformo con poco.

Sé lo que quiero pero me da miedo tomar como equivocación aquello que no sé con seguridad si lo es o no. No me quiero tirar a la piscina desde este trampolín tan alto, porque no veo si está aún llena, prefiero esperar congelado, inerte, dejándome llevar por el destino como llevo haciendo tanto tiempo. Al fin y al cabo fui yo quien elegí y soy yo quien tengo que cargar con las consecuencias de mis actos.

Se me congela el alma pues llevo pensando esto desde hace mucho tiempo, demasiado, y parece que ese tiempo que creo mío también sigue congelado. Y mientras... el frío.

jueves, 3 de enero de 2008

Deshielo

Suaves susurros alados me hablan, me piden que continúe esta andanza, que pise el hielo con los pies descalzos corriendo ávido hacia la meta. Y yo no hago caso. Me quedo sentado desnudo en un bloque de hielo, y me quema, pero no me entero. O hago como que no me entero, como que no sufro, como que paso de todo y de todos. Pero es imposible ignorar lo que existe, aunque es demasiado sencillo querer alcanzar en un vuelo vespertino las cosas lejanas inverosímiles para un alma humana.

Y poco a poco se posterga el salir del nido, aunque hace años que se derritió el hielo de la puerta de la madriguera y ya sé cómo es el Sol. Pero cada vez que salgo parece que es él el que me quema y no el hielo que aún acumula el interior de la honda cueva.

Pero saldré, lo sé, y veré el mundo con ojos renovados. Y entonces, y sólo entonces. Echaré a andar con paso firme en el camino que se ponga por delante y no como algo informe y desinformado que parece más un ave escondida, que el amo de su sino, de su destino, para hacer si me da la gana el pino en el confín de tus labios, de tu pectoral anonadado. Y entonces seré ya ese pajarillo que con sus alas ha emprendido el vuelo de tenues palabras aladas para construirse en lontananza un majestuoso nido.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Una ventana al pasado

En ocasiones abre la ventana de nuestros pensamientos el aire del tiempo. Su linealidad se pierde, empieza a transformarse, a hacer raras piruetas con nuestro presente, pasado y futuro. Y cuando menos lo esperamos todo se convierte en indeleble, en tinta que el agua se lleva con sólo unas gotas. Entonces raras corrientes surcan nuestro interior, corrientes de lo más variopinto que van desde el odio, el amor, la añoranza hasta llegar a extremos que a veces desearíamos no recordar. Momentos en que sin saber ni cómo ni porqué toda una ola de sensación que no deben ser para ese instante acuden llamadas por partículas temporales que se empiezan a mover como un huracanado viento en vez de como un manso río.

Pandora
abrió la caja, y muchos la abrimos de después de ella. No es siempre el viento temporal el que abre solo la ventana. Muchas veces nosotros mismos jugamos con fuego... y nos quemamos después. Recordar trae muchas cosas buenas pero además de esa gama de sonrisas hay otra gama de lágrimas y otra gama amplísima de tiempos perdidos. Y es que al dios Cronos no le gusta que nadie entre en sus dominios, no le gusta que nadie cambie las agujas de sus relojes ni aunque en sus propios mundos mentales sea. Y lo peor es que cabe la posibilidad de que no lo haga por orgullo sino por nosotros. Y eso es lo que más fastidia a nuestro libre albedrío.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Peldaño a peldaño


Oigo música que no escucho. Suenan notas que no son para mí. Y yo aquí sentado, oigo sin escuchar el continuo devenir de lo que falta, el continuo devenir de lo que no está. Pasa y pasa el tiempo inderrotable cual Dios impasible, altanero y orgulloso y mis sonatas no llegan, ni siquiera lentas canciones. Sólo hay ruido de coches, lápices y teclas de ordenador...

Dibujo ténuemente para poder borrar las lagrimas pintadas a la casa de un tal Blas. Y ansío no dibujar las sombras de esa lágrima con lápiz blando pero me van a obligar. Dibujo lo que veo y lo deformo sin parar.

Siento que me falta un peldaño por subir, que está cerca, es factible... aunque no lo sienta así. Y la sinrazón, a veces, llega a colarse en mí como una suave locura que me invita a partir. Pero me dice el cerebro en contra del corazón "no, no, el peldaño está al lado, en tu mismo costado, y lo puedes subir poco a poco subiendo ese pie y cuando estés en lo alto... habrá otro escalón pero siempre recuerda que ir hacia atrás es bajar el escalón que un día subiste ya". Y me quedo con el consejo de mis neuronas trabajando aunque sé, que tarde o temprano, el corazón y el cerebro deberán convivir sin chafarse uno a otro así, dando lugar a la gama de grises de un 7B con la sonata de fondo que yo cantaré.

martes, 4 de diciembre de 2007

Puertos de almas

Siento algo muy dentro que se separa de mí. Zarpa hacia puertos lejanos que yo nunca conocí con la inocencia postrada, aquella que yo conocí. Y es que las personas cambian. ¡Qué me lo digan a mí!

Tiembla algo aquí en mi alma. La estructura de madera de mi frágil corazón es comida por termitas de orgullo y desazón. Y grito un poco en silencio, de ese que tanto sé usar, y me da una ecuación que yo no sé interpretar.


Imagino aquellos puertos a los que llega ya, mientras me escribe una carta, de esas que otro alguien escribió ya. Son puertos antiguos, con sabor a viejo y añejo mar. Mientras el puerto de mi alma se desgaja más y más. Terremotos y mil sismos lo sacuden sin parar. Ello junto a las termitas y a este día me va a dejar fatal.

Pero ya pasaron cosas antes, otras veces emigró, y siempre volvió a nuestra patria, un simple objeto sin valor. Y junto a él hablamos y hablamos sin parar. Yo cuento mis puertos visitados pero ese otro alguien visitó más. Y entonces me descubre el suyo, su alma, y yo guardo la mía por si se me fuera a escapar cuando si la compartiera ese otro alguien la sabría, sin duda, arreglar.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Transformando en letras

Tengo sed de palabras que nunca llegarán a ser escritas. Tengo hambre de escribir, de llenar la blanca pantalla. Todo ello para olvidar, para olvidar los pensamientos traidores y perversos que me dicen verdades y mentiras sin que sepamos muy bien discernirlas.

Un día cogí la tinta globulada de mi sangre y comencé a decir algo con sentido o sin él. Simplemente la vía de escape por la que escapé.

Sílabas a sílabas gradué en grados de giro sobre una recta
compungida y formé palabras que todo el mundo conoce pero que junto a otras de su misma raza crean eso que es tan mío y tan vuestro, tan de este lugar. Extraño lo definí hace tiempo... para ocultar con un eufemismo lo raro de mis prosaicos versos.

Vuelan, vuelan mis palabras a lo largo de una red de ordenadores que computan todo aquello que ordenamos como esclavos de una montaña incandescente que es lo humano. Y también convierten mis palabras en lenguajes y otras cosas que no entiendo para darle color hasta al más
tenue viento.

Y cada letra es un poco de mi alma en un tarro de almíbar. Cada letra es estar un poco más cerca de mañana. Cada letra es una proyección de mis ojos hacia esta pantalla.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Mi tren

Un paso, dos, tres o infinitos que me llevan a un tren cada cierto tiempo. El tren acelera, coge velocidad y se desplaza, me desplaza. En él mis mundos se sitúan en el limbo del espacio-tiempo. Mi exilio pasa a ser una extraña pesadilla, o quizás sueño, o se reaviva ante la cercanía de la vuelta a lo lejano.

Crecí escuchando ese tren y no lo sabía. En realidad me hice mayor oyéndo todos los que llegaban y se iban. Pero ni lo percibía. Instituciones consuetudinarias por mi cerebro creadas lo impedían. Pero ahora ya percibo pues se me han abierto los oidos.

Sentado leyendo, sentado durmiendo, sentado hablando, sentado pensando, sentado mirado... en el tren que comunica mis mundos, que comunica mi ser con las dos vertientes de existencia que tengo, la que engañado creé y la que sola se creó.


¿Morriña? Sí y no a un tiempo. El exilio te hace descubrir lo que eres y acompasarlo con el ruido deforme de la vida hasta crear nuestra propia melodía vital. Y ese tren es mi vía para volver. Sea a v o sea a m pues siempre uno vuelve a donde ha estado ya aunque a veces nada parezca verdad. Y parece tanto tiempo el que pasó... que no me lo creo. ¡Pero es verdad!

Mi tren. Mío y de tantos otros. Vías y vías recorre, con el suave traqueteo de un regional. Y lo más bonito es que en medio, entre los dos puntos de una recta, está
m más v entre dos que es igual a a y cuando el tren por a pasa nos deja ver el mar antes de meterse en el profundo tunel del cambio radical.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Espejito, espejito


Miro mi reflejo en el espejo y me ensordece. Oigo ruido en la calle y enmudezco. Huelo tu perfume y me callo.

Las escaleras bajaban y bajaban con una pendiente que no me esperaba. Y más pronto que tarde en el suelo. ¿Yo? No, sólo mi imaginación.

Veo como se viste la mona de seda y enmudezco otra vez. Se me grapan los labios con seda de China. Y murmuro, avisando a la mona tristeza que no me sonría, que no me convence, que sé lo que esconde. Pero no me entiende pues tengo cosida la boca por nada y por todo.

Triste, no es la palabra pues cierro los oidos para no ver a la mona tristeza acercarse pisando el terrazo de mi alma.

La palabra es más bien cambio. Mi necesidad de cambiar, de llegar a ser algo que no soy. No por nadie, por mí. Pero nunca en el fondo de mi ser, sino en actos y cosas que he de mostrar, que ya llevo dentro pero he de explotar.

Pero nada es tan fácil. No, nada es fácil. Pues el tiempo intersecta con el espacio formando un momento. El instante constante en que vivo. ¿Repercute el pasado? Sin duda. Y yo quiero cambiar el futuro. ¿Para mejor? Por supuesto. Y el avance es demasiado lento.

-Espejito, espejito, ¿podré cambiar un poquito?

-No

¡¡CRACK!!

El espejo está roto, el espejo es traidor, mis sentidos también e incluso los pensamientos que un día pensé.

domingo, 11 de noviembre de 2007

¿Vendrá?


Fuera la quietud inquieta de la noche urbana. Dentro mi habitáculo, mi habitación y yo escuchando el impacto del aire contra el zulo de mis pensamientos avinagrados por el paso del tiempo.

No quiero pensar y pienso. Ya no sé ni en qué.

De vez en cuando bofetadas en forma de verso se estampan en mi cara. Y respondo pero con desgana. Con la desgana del que cede, del que perdona una y mil veces.

Una vez escuché el suave murmullo de las olas al estamparse contra la arena de la playa. Y no había nadie cerca para vivirlo conmigo. Una vez sentí la soledad del que está solo porque alguien mandó un avión de papel a mis sentimientos que se estampó en mis pensamientos recordando con un halo de sorpresa que sigo cual lobo solitario en esta empresa.

Fuera la ciudad respira. Dentro yo me ahogo. Y no es mal como me encuentro. No. Ni triste tampoco. Sólo me siento jodido al saber que no hay nadie enfrente mío que se entretenga a mirar la forma de mi ombligo.

Vendrá me dicen. Vendrá cuando menos te lo esperes. Pero, ¿y si ya pasó?

Es otra vez la asquerosa incertidumbre del futuro aliñada con un pasado que olvido y con un presente que sueña.