¿Dónde has entrado?

Acabas de entrar a un extraño mundo, donde el discernimiento humano escribe con una extraña pluma. Mi teclado es rodeado por mi locura en un extraño halo que no puedo alcanzar a definir y cuando se mezcla con algunos profundos sentimientos... da este blog como resultado.

lunes, 3 de mayo de 2010

Océanos incompletos


Sentir como llega el océano a llenar toda la habitación en la que vivo. Verme buceando casi inerte en el espacio en que solía vivir. La música hay veces que viola mi alma y otras veces es el silencio... Me acompañan pero de aquella manera tan sumamente especial que les caracteriza.

Empiezo a escribir, y lo hago por necesidad. Los de mi alrededor no me leen, en realidad tampoco quiero, pero a la misma vez me entristece que no lo hagan, que no quieran llegar a conocer mi lado oscuro. ¿Tienen miedo? ¿De qué? ¿De un ser que a veces no resiste las cargas existenciales aplicadas en un nudo, el nudo de la garganta? Yo no soy este ser y sí lo soy. Quizás sea una especie de esquizofrenia que se niega a ser tratada por el orgullo leonado de mi ser.

En realidad mi problema es que no me hago las preguntas exactas. En realidad no tienen miedo de conocerme, es que no les interesa. Pero es tan triste... que no me gusta.

No me gusta hablar mal de los demás, sobretodo habiendo excepciones a esa regla. Pero no me gusta verme en un mundo que me hace subdividirme en otros muchos mundos... y cuando llega el momento de hablar de mí la gente huye espantada por una complejidad demasiado dura para un ser que hasta entonces sonreía. Todos saben cual es mi problema, yo mismo lo sé, pero que no me hablen demasiado de lo que tienen y yo no porque quizás puede ponerme a llorar y claro, en ese momento, habrán de correr.

Mi habitación cada vez está más húmeda. ¿Es la lluvia? No, son las lágrimas. Caen dispuestas al suicidio por mí, para que cuando cese el llanto pueda hayarme un tanto mejor. Aunque lo que no saben es que fue en vano...

De todas maneras gracias a las excepciones por hacerme sentir que mis lágrimas, de esta época sensible mía, no son lágrimas de locura sino de vida... y que, por ende, el suicidio de las gotitas de agua salada por mí creadas quizás cumplen una secreta misión en la búsqueda de lo que no se tiene y se ansía... En la búsqueda del incompleto océano de la felicidad.

miércoles, 28 de abril de 2010

Cambios inertes

Nada va a cambiar en mi mundo. Eso que para otros es motivo de alivio y de lucha para mí no es más que una anquilosada piedra que aumenta el peso propio de mi alma hasta hacerla arrastrarse.

La presa sigue construida, imponente, conteniendo todo un caudal... Y apenas se abren las compuertas para dejar escapar algunas vergonzantes lágrimas. Encima de mis aguas tranquilas en apariencia la gente construye puentes a los que mis profundas tierras sirven de cimiento. Pero en aquello que parece tranquilo hay una energía inconmensurable contenida...

Nada va a cambiar. No es porque no quiera, no es porque no haga cosas nuevas cada día... es porque hay oportunidades que no se presentan y no es porque no las busque... Y uno se cansa, a uno el hastía le carcome cada centímetro de cerebro. Pero enseguida se vuelve a la vida, se sigue con ella, sin esperar nada a cambio...

Pero es que no hay nada más triste que ver los cambios, sentirlos y ver que no llevan a ninguna parte o, peor aún, que llevan al mismo sitio que siempre. A esa soledad con demasiada compañía. A ese vivir por lo que no es mío. A esa inercia vital tan triste y desesperante.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La fragancia del vaso

Relatar el principio no puede ser tan complicado... De repente todo un mundo se dilucida, muestra sus cartas con claridad. De repente lo demás seres humanos se convierten en gárgolas. Después de años de mi propia petrificación volví a demostrar sentimiento alguno. Aunque quizás no haya persona adecuada para demostrar lo que llevo por dentro, pues todos tienen llaves y puertas de escape. La mía sólo fue y ha sido una, la llave del escapismo, y no quiero volver a usarla.

Un cambio tras otro. Eso es la vida. Y para llevar una vida hay que afrontar esos cambios. Huir es convertirse en el vivo de lo inerte, en el vivo de un metro que lleva a ninguna parte, de un tranvía con vistas al vacío, de un autobús que lleva en el interior el tubo de escape. Lo peor es que a pesar de mi convencimiento de lo que no debo hacer lo haré. Cuando uno no ve más caminos... o no es que no los vea o no los quiera sino, simple y llanamente, que no los tengo.

El vaso siempre estuvo vacío. Excepto en aquel principio donde todo era diferente e igual, aquel principio en el que todo se truncó aunque seguí hacia delante. Y no hablo de un principio ancestral ni de mi propio principio sino del principio de mi yo adulto consciente.

¿Por qué hago las cosas? Porque debo. Pero, ¿por qué debo? Se me olvidó preguntárselo a Kant... ¿Por qué todo parece que vuelve? Por el eterno retorno. Pero, ¿por qué vuelve? Se me olvidó preguntárselo a Nietzche.

Romper un plato da igual, si es del microondas la cosa cambia. Y es que hay platos y platos, personas y personas... Soledades y soledades. No es lo mismo estar solo cual ermitaño en la montaña que en una sociedad, que en un mundo donde hablas y hablas con gente que ve un espíritu alegre, fiestero y dicharachero. Pero el dolorido sentir sólo lo siente alguien que ha tenido demasiado tiempo para pensar en cosas que otros simplemente no piensan o si piensan se juran no volver a hacerlo.



"Del pasado dichoso sólo podemos conservar el recuerdo; es decir, la fragancia del vaso" Azorín, Castilla

miércoles, 10 de marzo de 2010

Hastío invernal

Mañana. Otro día más de la semana de lo horrible. Más tiempo pasado sin sentido en pos de un sueño que ya no lo es. Pero da igual. Cuando uno coge un camino o escapa a las primeras de cambio o ya no tiene más remedio que llegar hasta el final.

De repente el tiempo no me pertenece. De repente las horas pasan frente a los libros y enfrente de una pantalla de ordenador. De repente los muros se han de transformar en planos, la luz en material de análisis, los edificios se mueven de una forma imperceptible, y la vida en algo nuevo sobre lo que investigar... Y en realidad todo es mucho más sencillo, o más complejo y por ello no lo entiendo.

Quisiera ser más libre. Haber llegado a alguna extraña bahía donde sentarme a ver pasar el tiempo, donde sentarme a esperar aquello que ansío. Pero no, no tengo tiempo. Me lo robaron o... más bien lo cedí. ¿Por qué no podremos ver las consecuencias de nuestras acciones?

No es arrepentimiento. No. Es un profundo hastío sin recompensa. Una profunda muesca en mi espíritu que me daña. Es un tormenta de arena que erosiona mi ser de piedra. Es la luz que daña unos ojos saliendo de la penumbra. Es la suerte vista por quien no la tiene. Es el sí visto por quien siempre dice que no.

El tren sigue su curso, sin detenerse, esperando uno de esos cruces, una de esas señales que señalan el cambio de vía para poder volver a elegir. ¿Lo haré entonces bien?

domingo, 28 de febrero de 2010

Vital océano


Esta noche unos ojos azules me han hablado mudamente de la soledad. Y no es que me dieran miedo ni que me enamoraran sino que me he visto reflejado. Me han enseñado una extraña burocracia que me lleva hacia delante sin freno, con inercia vital, sin plantearme casi nada a la misma vez que lo cuestiono todo, y ello evita cualquier cambio necesario en mí...

De repente miro hacia atrás, como muchas veces hago, y veo tantas y tantas cosas que hice mal... Y no son un trauma para mí, he conseguido seguir hacia delante con normalidad... Aunque quizás nunca asumí realmente lo que estaba mal y me he convertido en el demonio del infierno de Dante personificado en un humano que no mata ni la mosca más pesada de una tarde de verano.

El océano vital es inmenso. Uno cuando empieza a moverse por él apenas sabe. Otros han de tutorizarle durante años hasta que puede un ser humano nadar con eficiencia para continuar saltando olas. Yo he notado que sólo uso los pies y no las manos. Cada vez me hundo más y más en un mar que es mío, en el agua que me pertenece, en mi espacio vital acomodado a lo que venga sin luchar por lo que quiero. Pero sólo sé odiarme por ello, por no explorar un vasto mar, por no sacarle a la vida todo el provecho posible.

martes, 23 de febrero de 2010

Prado minado

Autistas trabajos en grupo. Rodeado de compañeros que no acompañan. Hay maestrías que nunca se dominan, y que nunca podremos dominar. Hay autovías y autopistas en las que uno va a la velocidad mínima. Pero voy, cuando otros hace mucho se quedaron en la cuneta. Sin embargo también hay cosas que jamás podré entender como es que no ayude el que lo debe hacer.

A veces no sé si digo las cosas demasiado poco claras, si soy una pared totalmente opaca que nada deja entrever o si en cambio soy el vidrio que todo enseña, el ser que todo muestra...

Aquellos que me debieran entender, aquellos que deberían conocerme, aquellos que están cerca... no me entienden, no me conocen, están lejos de mi corazón. Y no quiero volver a un campo de minas a que me sigan explotando en la cara, aunque quizás la vida no sea más que eso, un gigantesco prado minado en el que algún día me quedaré quieto por miedo a que me sigan dañando y por ello, ¿deberé conformarme sea lo que sea lo que esté viviendo? ¿Deberé ser un zombie más viendo la vida pasar? ¿O es que en realidad ya lo estoy haciendo?

lunes, 25 de enero de 2010

Barreras que ahogan

Frío en los pies... y en el alma. El escudo cada día es más grande, y lejos de protegerme de lo que hay en el exterior, hace que se congele un interior hasta ahora vivo. Mis constantes vitales están bien, físicamente perfecto... pero siempre me falta algo, algo que no busco, algo a lo que tengo miedo, algo que no puedo describir porque sé lo que es pero tengo miedo a no encontrarlo nunca.

Siempre fui idealista, intenté alcanzar para poder implementarlas en mi vida esas ideas platónicas convertidas en carne, en realidad. Pero me dí cuenta que lo ideal no existe más que en mi mente. Ello me llevó a crear ese escudo anti misiles contra un enemigo que no existe y que no es más que la realidad. Una realidad que he hecho difícil. Y es que lo más difícil de todo es cambiarme.

Las piedras contra un lago en calma forman bellas ondas concéntricas. Todo ello es armonioso, es lo que deseo. Pero no tengo suficiente dinero para comprarme un lago cubierto al que no afecten las inclemencias del tiempo. Sin embargo me empeño en tejerme a mi alrededor un suéter cada vez más grueso y lo que hago no es más que ahogarme.

Intento no pensar. Pero nunca lo consigo. Eso también es imposible, como casi todo lo que sueño. Nunca quise unos pies en la tierra y ahora los tengo sumergidos en la ciénaga que yo construí a base de saliva y arena de playa. Poco a poco se seca como si fuera un hormigón de la mejor calidad. No quiero superficies cementantes que me ahoguen, no quiero presas que ahoguen el transcurrir de mi río vital, sólo quiero... ¿que me quieran?

martes, 5 de enero de 2010

Dudas


Cuando los mares pasan de la marejada a la marejadilla. Cuando los huracanes pasan a ser simples rápidos vientos. Cuando el polvo en suspensión vuelve al suelo. Sólo entonces notamos la calma en que vivimos.

La venganza es para mí un sentimiento pueril, que me desencaja a veces de mi posición. Pero siempre vuelvo a ser yo. Aunque cada una de mis experiencias vitales me modele como persona, como ser humano.

Pero yo pienso. Pienso demasiado. Sobretodo antes de irme a dormir cuando no logro conciliar el sueño deseado. Y en múltiples ocasiones sueño con un ser que soy, fui o que quizás seré. Logré alcanzar lo que en mi vigilias en pos de himnos vislumbré. Sin embargo el resultado de todo ello no es siempre el que esperaba e incluso a veces causa una angustia vital indescriptible.

Son mi elecciones, mis equivocaciones y mis aciertos a medias. Querer ir a un sitio sin moverte del que estás, ¿es normal? Y es que un día, sin querer o queriendo sin saber, abandoné un mundo a medio explorar y marché a otro.

Después de la desolación, siempre llega la calma. Después de buscar respuestas, amistades y muchas otras cosas cuando las encuentras después de épocas oscuras en la vida te sientes extrañamente calmado. Con miedo a perderlo todo porque me voy, porque dividí mi mundo y a mí mismo.

Y ahora no sé si volver a casa, a la tierra que me vio nacer, quedarme en aquella que me dio una oportunidad o volver a volar... hacia no se sabe donde, hacia un lugar en el que abandone todo de verdad. Pero es que me cansé de defender el terruño estando lejos. ¿Volveré? ¿No? No lo sé. Dudo... y mucho.

martes, 15 de diciembre de 2009

Vendetta


Llega, sin previo aviso, un momento en el cual la música tenue de la vida toca el clarinete, el saxofón y el piano, todos a la misma vez pero transmitiendo la dulce y gratificante melodía de la venganza. De repente tocas fondo, y no hay nada más abajo. Sin embargo sigues, vives. Todo aquello negativo que sentiste un día se transforma. Sales de la ciénaga enfangada y empiezas a limpiarte toda la mierda. El mundo es dificil pero comienzas tu propia y silenciosa venganza. ¿Objetivo? Todos ellos. ¿Por qué? Por todo.

Cuando no tienes nada caes y caes hasta toparte con algo que te desvía del camino descendente para colocarte en el ascendente. ¿Y por qué el cambio? Muy simple, porque sigo teniendo algo que soy yo mismo. Y todos aquellos que me han echo descender deben pagar en la aduana de mi alma si quieren volver a entrar en el estado independiente de mi corazón. Aunque seguramente nunca más lo logren.

Sin duda volveré a caer. Pero eso tendrán la suerte, o la desdicha, de verlo todos aquellos que me leen. Porque hay quien se atrevió a decir que me conocía sin adentrarse en el mundo inmenso de mis escritos. Paranoias les llamaban los que acaso un ápice se acercaron. Pero no. Ni son paranoias, ni serán, pero a aquellos a los que un qué tal les costaba dinero les parecen que sentimientos humanos adornados por recursos literarios de un estudiante precabido no son más que pequeñas locuras que deben ser olvidadas cuando vuelvan a mirarme a los ojos. Y no. Se han equivocado.

No hay nada en mi mundo excepto yo. Duro pero cierto. Ya es hora de soltar peso vital. No me contéis más milongas. Sólo yo importo. Es mi venganza. No sé cuanto durará pero he de disfrutarla.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Sin luz, a oscuras


Se fue la luz. Un apagón general en la manzana de la esperanza en la ciudad de la vida. Encendí velas para que otros siguieran su camino. Nadie me las encendió a mí y me quedé estancado en una mayoría de edad inestable, sin bastón ni apoyo alguno excepto mi propio sustentante esqueleto.

La lluvia mojó ríos, mares, lagunas y albuferas. El viento arrastró personas, vacas y elefantes. Mientras yo sigo seco y en mi sitio. Triste pero cierto. Veo volar hasta a los pingüinos más patosos y yo anclado en la sosa ciénaga de un todo que me estanca.

Las teclas del piano bullen cual burbujas y me tocan la sinfonía del pasado que vuelve a posarse tenaz en lo hombros de un hombre para decirle al oído lo que otros pensaron. Vuelve a desgarrarse otra vez la piel de mi mano con las uñas largas del odio por la larga espera de un cambio que nunca llega. Y no es un cambio cualquiera, es el devenir transformado que uno desde hace demasiado en su mente ha pintado.

Borré la tinta de las hojas que nunca escribí. Guardé sin celo un diario que nunca nadie leyó. Tuve amigos que nunca preguntaron más allá de un cómo estás. Y los demás... ¿para qué contar? Se fueron volando con el aire tranquilo de una ola del mar.

La cueva nunca fue un lugar más frío que el exterior, hasta que a ella llegué yo. Congelé mi corazón a cien grados bajo cero para nunca más sentir que estaba en un tan hondo agujero. Y aquí sigo sin luz esperando, como un ciego, a ese perro labrador que me permita dar tan sólo un paseo.