Nada es tan fácil. Después de subir la cuesta toca bajarla. Qué difícil función matemática es la vida. Con esos puntos máximos y mínimos y también con tantos puntos de inflexión que configuran una montaña rusa de cuesta cada vez más empinada. A veces es tan complicado subir esos terraplenes inmensos cuando ves a tanta gente importante tan lejos, cuando ves tantas cosas cambiadas con respecto a lo que dejé hace unos meses, cuando te cercioras de que un lugar no es el tuyo y sin embargo hay que aguantar porque el lugar al que quieres ir no sabes como sería con la monotonía de los días...
Necesito ya un halo de apoyo, un cambio que me sea brindado por la cuarta dimensión temporal. Pero aquí lo más seguro es que no sea así porque las cuatro dimensiones se condicionan entre sí mismas y por ende me condicionan a mí.
A veces uno sueña con volar, con dar uno y mil cambios radicales... Pero las funciones a trozos no gustan a nadie.
Estoy harto del aire que respiro, de la lejanía, del ignoro, de la ignorancia, el agobio, de los estudios, del dinero, de mí mismo... pero sé que quizá sólo sea la fase A de alguna nueva fase de la vida. Pero las fases es mejor pasarlas en compañía y si es algo de lo que estoy harto de verdad es de la soledad y del camino en sí aunque ambas cosas me encanten a la vez, pero hay determinadas medicinas que hay que tomar en su justa medida.


