¿Dónde has entrado?

Acabas de entrar a un extraño mundo, donde el discernimiento humano escribe con una extraña pluma. Mi teclado es rodeado por mi locura en un extraño halo que no puedo alcanzar a definir y cuando se mezcla con algunos profundos sentimientos... da este blog como resultado.

lunes, 17 de agosto de 2020

Trompo con filigrana

Érase una vez la suave quietud de la inquieta palabra escrita. Escondida y pública. Temerosa y desvergonzada. Adentrada y exterior. 

Un día pulsé el botón de pause hacia una vida acelarada. Enchufé los motores imparables de la desconexión. El vendaval que te tira. La marea que te arrastra. El Sol que te quema. La lluvia que te moja. El río que te arrastra. La queja que se yergue. El yo que se apaga. La vida que te vive. 
 
Y, de repente, la autovía del día a día decidió que mi coche de rutinas y lamentos derrapara y diera tres vueltas de campana melancólicas. Y salí un poco, sólo un poco, de debajo de los hierros de plastilinas neuróticas y perfeccionistas. Con muletas de madera de roble del formón de la calma después de la tormenta. 
 
Pero al que algo quiere, algo le cuesta. Así que por el camino desansiado de la deceleración forzada hallé respuestas inusitadas. Me quité pesos que la columna y el ánimo lastraban y perdí por momentos la naturaleza muerta en que habitaba y la sonrisa perenne de un alma atribulada.  
 
Y me equivoco, como me equivocaba y me equivocaré. ¡Y elijo y he elegido mal toda la vida! Pero también bien. Porque mi humanidad no es más ni menos ni de más allá.  
 
¿Me bajaré, por fin, del cajón para tocarlo? ¿Viviré al fin la vida y no el espejismo que mi mente crea? ¿Abriré la llave voladora de emociones contenidas?  
 
Paré por accidente para encontrar las piedras en el camino e intentar darles un abrazo, o al menos, algo de vino.

martes, 17 de abril de 2018

De vuelta.

No escribir, no leer. Darse de repente cuenta del abondono. El propio, el peor. El de no leer, el de no escribir, el de escuchar demasiado, el de trabajar sin aporte de material.

El corazón palpita desbocado. El que cuidas no sabe cuidar. Ansiada ansiosa ansiedad. Los argumentos te dan vueltas. Lo visto no se borra con un botón, ni con varios, ni haciendo selección para cortar y no pegar nunca. 

Quieres ver el camino recorrido a la inversa. Pero no. Las murallas de la Unión Soviética otra vez se levantaron entre vosotros. Demasiadas veces en demasiado poco tiempo. 

Espacios. Espacios recorridos. Espacios recorridos en tan sólo quince eternos minutos. Espacios recorribles que no se recorren. 

Paisajes. Paisajes verdes. Paisajes verdes sobre el desierto de arena con sabor a óxido. Paisaje lunar en el planeta de la ensoñación despierta. 

Soldador. Soldador inverter. Soldador inverter conectado a un generador que no da suficiente corriente ni para diez míseros amperios, ni para un electrodo de uno y medio. Soldador sin vida, sin cordones de unión. 

Repetición. Repetición anunciada. Repetición anunciada por una vida con eterno retorno, pero sin retornos y sin eternos. Repetición de palabras aladas en un blog abandonado. 

Palabras vomitadas, palabras tenues, palabras calmantes, palabras recalcitrantes. 

Vuelta devuelta. De vuelta. 

miércoles, 8 de julio de 2015

Para mí

Y aquí sigo, impertérrito. Con el corazón cerrado, los ojos abiertos y las orejas caídas. Con el sentir joven y cansado.

Nunca digas siempre, ni siempre digas nunca. Las palabras siempre fueron de ida y vuelta. Las personas, sin embargo, nunca fuimos. Ni con el verbo ser ni con el verbo ir. 

Es duro tener que volver a escapar por el laberinto de las palabras intrincadas. Tener que perderse, para encontrarse, en el mar de sentidos remolinos, en el huracán de vertiginosas vorágines de puños apretados, en el desierto de arenosas ansiedades, en la selva de las descorazonadoras decepciones. 

Sentir que ahí está el pozo y su fondo, y quizás, sólo quizás, se está a gusto en sus aguas putrefactas. Al fin y al cabo, uno no huele lo que huele como uno. 

Cansancio y hartazgo. Sin saber bien ni el porqué ni el para qué, sabiendo claro el para mí.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Claridad


Agua clara que desciende rápida cuando nace con la vorágine del tiempo y de lo nuevo. Agua que aumenta su caudal poquito a poco recibiendo los regalos de la niñez y madurez prematura. Agua que después se estabiliza en un rítmico caudal que continúa creciendo. Agua que se enriquece de minerales varios. Agua que se estanca en un embalse la mitad de su vida.

Y yo no quiero embalse, no quiero presas de las mil gargantas que atragantan. Tampoco quiero desierto, ni dormido ni despierto, aunque sea un mar de arena por la que escurrirme hasta algún sitio ahí abajo que no entiendo. Tampoco quiero ya el final oceánico y acuoso de mis días acompañado con efluvios lacrimosos. Pero estoy harto y lo grito a los cuatro puntos cardinales con sus vientos adosados. 

Un día dí un paso hacia delante. Intenté hacerlo con talante. Pero no. Las puertas se cierran y abren, sus goznes chirrían y no me interesan. Ya lo conté hace mucho tiempo y me canso de hacerlo... y de vivirlo también estoy harto. ¿Y cual es el problema del ruido? No estar suficientemente lejos para no escucharlo. Básicamente refugiarte en la habitación contigua a los chirridos que no cesan, de manera periódica, es como andar por el borde de una fría piscina sin atreverte a tirarte. Pero es que saber nadar no es flotar en el agua.

Quiero volver a la tinta que aparece y desaparece con la magia increíble que nunca decrece. Quiero volver a las notas que nunca me sobran y que me rodean tenuemente de forma vehemente. Quiero volver a las lenguas de fuego, que poco a poco descifro, trepando por la gigantesca torre de Babel de este siglo. Quiero volver al esfuerzo que refuerzo con lo estable de un camino, yo no trepo. Quiero volver a zambullirme en lejanos estanques y ver con claridad en su fondo que nada se esconde.

Y es que en este espacio temporal en el que se convive malviviendo no se puede soportar al que anda jodiendo. Ser transparente y sincero puede ser una utopía pero estoy harto de tanta frugal miopía. Claridad por favor jamás abandones mi seno y contagia a todo aquel que ose entrar en mis terrenos.

¿Qué es lo malo? Que un día, hace ya mucho, perdí la inocencia. Ya no puedo diferenciar sin dudar, creer sin querer. Y dudo de lo mostrado, por si me dicen algo supuestamente claro y después resulta que soy timado. 

Quiero recorrer mil leguas en mi mente para salir de repente a un mar de algo nuevo. Por favor destino ponme algún camino.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Mucho ojo



De repente salté en parapente. Mi corazón acorazado se descorazonaba. Cada ida con caída. Cada vuelta con revuelta. La locura que no todo lo cura. Entender que en tender tendeles de mortero no está el mundo entero.Y volver a ver el velado velo.

¿Surrealismo? ¿Su realismo? Mi realidad, mi deidad, mi estabilidad. 

Siempre comentaban, en tenues susurros, la existencia de un equilibrio inestable. Yo lo creía y no a un tiempo. Yo me reía y no a un tiempo. Pero era cierto. La frontera invisible, de un mundo deseado y otro real, se desdibujaba suavemente con un carboncillo en su pueril capricho.

"Ver da verdad", pensaba el ciego en su ceguera. No veía la mentira del mundo intangible. Vi su ala visual en perfecto estado y el ala del conocimiento estaba tocada. Y aquí no lo cura la locura. Ni de ello libra el libro. Ni se desgaja el que trabaja.

¿Por qué coraza y corazón tienen la misma raíz? Una dura, el otro blando. Una fémina, el otro macho. Una inerte, el otro late. Una  fuerte, el otro blando.

Parece que aparece el desaparecido. ¿Un espejismo? Quizás. Porque el espejo sí engaña, es visual. Arráncate los ojos antes de confiar. ¿Por qué siguen en tu cara, en tu rostro? Es la fianza de la confianza. Es tu óbolo para el barquero del Hades. De tu cara a Caronte. Curiosa sátira.

lunes, 14 de noviembre de 2011

¿Real o irreal?


Mente en blanco. Ojos en blanco también. Suave exasperación de la nada contenida en el poso inerte del terrazo mayoritario en los suelos de las regiones sureñas de cierto continente. Incomprensión de un mundo que creía entender. 

Verdades y mentiras que se funden en la tela asfáltica que protege la ventana de mi salón ocular. Verdades y mentiras que se unen en la trenza del hilo de Ariadna que se hizo el Minotauro para limpiarse los dientes después de la cena. Verdades y mentiras que se fusionan en la piel que parchea el tambor de mi membrana timpánica ante cosas que escuché y son sin serlo. Verdades y mentiras que confunden a las neuronas, algunas inocentes y otras no tanto, de una mente confiada.

Al tocar el agua del lago una onda se expande y un corazón se contrae ante tanta desidia. La regla de tres daba un número con exceso de decimales para la vida corriente. La raíz cuadrada de un número negativo existía y no a un tiempo. Ser irreal o imaginario es ser. Pero en el mundo de lo real hay que ser real o no eres nada más que una especie de ente ambicioso pero con los días contados, aunque no sepamos bien el número de horas, de ahí la ansiedad imbécil de algunos por seguir escalando por una especie de muro resbaladizo de las lamentables lamentaciones humanas.

Quise conseguir algo mejor y la puerta, antes abierta de par en par, hizo un movimiento hacia el cierre aunque no se cerró del todo. Pero la cierro yo y de un maleducado portazo, no me merece la pena las medias tintas ni los goznes que chirrían en exceso ante la falta de aceite cuando hay portones enormes que se abren sin ruido y con total facilidad. Lo malo es no saber si era real esa puerta o si estaba colocada en un universo inalcanzable de estrellas muy lejanas de nuestro Sol y yo no me daba cuenta. Lo malo es la mentira que subyace en aquello que estuvo cerca.

Es duro ser la herejía de los propios herejes pues no sabe ya uno en este mundo qué hacía.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Sol escondido


¿De qué sirve ser un Sol entre tinieblas? Intentas enhebrar el hilo de la vida en la aguja del tiempo y tejer con todo ello algo de abrigo para el frío invierno. Pero Penélope teje y desteje para que siempre estemos confeccionando efímeras prendas que no protegen nada o casi nada.

Me vi desnudo entre las aguas turbulentas de un mar que no cesa de lanzar olas gigantes. Te arrastra, te lleva y acabas como si nada en un playa paradisíaca solo, como siempre, como es costumbre. La resaca del agua de mar es la peor de las resacas.

Pones empeño, esfuerzo, tiempo y dinero en cosas que se desvanecen como castillos de naipes con la más leve brisa. El sálvese quien pueda es el leitmotiv de demasiadas personas en un mundo en el que los samurais y demás gente de honor son una rara avis en peligro de extinción.

Ahora me toca ponerme una capa genial de invisibilidad que me tape todo entero y que al despertar me permita asegurar que nadie pudo encontrarme pues necesitaba soledad. Quiero que el Sol se esconda, que no me queme ya.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Confianza con fianza




Las letras se desdibujaron, la tinta fue encharcada por la sangre derramada de un corazón que se desborda. Hacer las cosas bien no es garantía, es tontería. Los pasos hacia atrás son los más sabios cuando delante tienes el precipicio desconocido, que igual tiene un metro que ochenta.

La marea subió y bajó caprichosa pero obediente con la luna. Mientras tanto en la fosa más profunda una extraña tranquilidad y un desesperante silencio bajo litros y litros de agua.

Quise sacar el conejo de la chistera y que todos vieran el truco. Pero así no funciona la magia. Quise tocar el instrumento más sencillo. Pero me equivoqué en la primera nota. Quise actuar en el teatro de la vida. Pero los actores experimentados ya saben qué registro tienen que usar en la actuación continua y descabellada del día a día además del cuando y el donde.

Y sentado en un banco o acostado en mi cama pienso en si la coraza que recogí es o no de un muerto. Y vivo pensado y pienso viviendo si la confianza con fianza recogida es un arpía de ojos rojos o un trol de las cavernas polares.

Mañana será otro día, pero en realidad eso es la rutina de cada día, que sea diferente al anterior por lo menos en la fecha.

viernes, 12 de agosto de 2011

Descomponiendo palabras



Confianza con fianza... Encerrarte con arte... Escapar es capar...


Una cantante famosa de un estado que no está donde se espera, retorcía palabras de amor mientras por consumo de cortezas y cervezas pedía una cuenta en el bar de enfrente del ayuntamiento de Valencia. Pero hay bares si va alguna res a comprar algo cual furibundo animal que todo lo hace mal.
Quise comerme las letras inexistentes entre dos palabras contiguas y no pude. Por ello un discurso con una lógica mediana pasó a ser el discurso de la mente cansada de confabular por puro aburrimiento y nada más. Pero lo peor no es que las palabras que rodean a "lo" sean compuestas por las mismas letras... Lo peor es que el pero lo pongo siempre yo con una moral exquisita, aunque nunca entendiera bien el significado exacto de lo que no se toca y de aquello que aunque se toca se escapa suavemente entre las manos, como el aire, el humo y demás engendros del mundo de los gases.

Es la pera, así que espera. Aún nos queda un final.

viernes, 8 de julio de 2011

Dormir. No más.


Dormir. No más. Entre hormigón y acero galvanizado. Una arquitectura tecnológica y matemática se desenvuelve femenina y viril a un tiempo. Suave y orgánica pero milimétricamente pensada, totalmente cartesiana en verdad. La mayor de las mentiras, el mayor de los engaños, la más grande de las falsedades. Haciéndome creer lo que no quiero entre las cuatro paredes de una minúscula habitación manipulada por el intelecto de otro. La máquina a su lado, creando ficticios climas, falaces manantiales de agua por doquier. No hay ríos, hay tuberías. No hay sol, hay bombillas. No hay brisa, hay un ventilador. No hay palabras, hay letras en un ordenador. ¿Deshumanización? ¿Progreso? ¿Futuro? ¿Presente? Tiempos desdibujados en las tres dimensiones reales... y en las tres dimensiones irreales de una película o un videojuego en 3D. Yo antes sólo quería ser feliz, ahora quiero un chip... un chip para ser feliz. Nanotecnología para mí. Y para tí. Y para él. Y para controlar un mundo con la ética que cabe en la cabeza de un ínfimo alfiler. Quiero dormir. No quiero más...

lunes, 27 de junio de 2011

Hombre al desnudo



Si un volátil corazón se volatiliza, ¿qué nos queda? ¿Sólo la armadura que nos muestra y demuestra lo impenetrable de nuestro ser que ha de seguir incólume para el resto de la humanidad sin demostrar siquiera un halo de sufrimiento interno?

La estética, la belleza son otras formas de selección natural. Los modelos que vemos atractivos lo son porque potencian lo que entendemos como bello. ¿Y no hay posibilidad de cambiar esos cánones? ¿Está todo en nuestros genes de manera natural e intuitiva? ¿Verdaderamente la senda del destino es la única que podemos alcanzar?

Siempre he huido de los dogmas, de esas verdades universales que no se pueden derribar. Pero a veces no tener un faro imperecedero que alumbre el camino es en demasía duro para mi ser. Han pasado cosas buenas, que no se han podido mantener, y no sé que tendría que haber hecho o como tendría que haber sido para poder continuar lo que sé que en un futuro me dará felicidad.

Lo peor, lo que me sigue llenando de incertidumbre vital, es que sé que tengo ciclos, también en mi felicidad, y aunque vaya avanzando siempre querré más y más. Por ello ahora digo y mantengo que necesito alcanzar un abrazo, un beso y una rosa, morirme y que no haya nada más.

martes, 15 de marzo de 2011

Endeble e indeleble


Indeleble, que no se puede borrar. Así es la vida, los recuerdos, esas marcas imborrables del cerebro. Así es la vida, las necesidades primitivas y no tanto, que nos llaman, que nos hacen sentir fuerzas incontrolables y animalescas. Así es la vida, un próximo futuro ilusorio, un perpetuo presente cobarde, un incansable pasado indeleble.

Cuando falta valor la ansiedad invade el corazón, se adueña de él. Las telarañas empiezan a rodear de una manera descarada el músculo vital. El órgano se encoge cual enano entre gigantes ante la necesidad de ser apretado, de que le saquen todo el jugo, de latir salvajemente por algo o alguien. Los átomos de los tejidos del corazón no están fabricados con una aleación de hierro y carbono, pero suenan, resuenan... a pesar de ser endebles.

Los pasos siguen, el caminante sigue su curso en el cegador camino de la vida. ¿Miedo a echar a correr hacia atrás? No, arrastré muchas cosas buenas, pero no todo lo que quería. Y quizás algún día sea lo más adecuado huir despavorido a refugiarme en algunos brazos, a besar algunos labios, a escribir algún cuento chino para niños del Japón...

Pero, ¿porqué parece la vida tan endeble e indeleble? ¿Lo es?


lunes, 21 de febrero de 2011

Elegía al yo consciente


Tu ojo podría ver cien rayas paralelas sobre una uña a un metro de distancia. Pero tu cerebro no le deja. Selecciona sin pedirte permiso. Una broma más de la mentira que es la vida. Piensas que eres tú, que tomas tus propias decisiones pero no... el subconsciente es la mano negra que te rige, sin que tu consciente hábilmente manipulado se dé cuenta. Y esto no es mío, no es otra elucubración hipnótica de mi mente, es ciencia comprobada y comprobable. Hay que joderse.

Ahora es cuando empiezo yo, o mi subconsciente, a viajar por un mundo mío pero inerte sin saber si hablar en primera o tercera persona pues soy yo y ello a un tiempo. Va a ser más verdad que nunca eso del extraño que llevamos dentro. Asumirlo es lo más duro, es constatar que la empresa no la lleva el jefe sino los secretarios, y perder con ello siglos cogidos con pinzas por el intelecto común de la humanidad.

Las implicaciones personales son devastadoras. Pierdo el norte de una vez por todas porque en realidad nunca lo tuve. Fui, soy y seré sólo un amalgama de necesidades evolutivas que me llevan hacia el fin... y sin poder perpetuar la especie.

Quiero pensar, aunque no sé si yo lo hago, que el extraño es parte de mí aunque no nos entendamos. Ya bastante hay fuera, bastantes asquerosas repulsiones egoístas acciones de verdaderos otros seres cuyo único objetivo es perpetuarse en el mundo sin llegar a plantearse que en lo efímero está la respuesta. No puedes inmortalizar lo condenado al olvido y a la muerte.

viernes, 21 de enero de 2011

Invernales playas desiertas


A veces cambio el sonido, el ruido banal y deforme, por música. Me dejo llevar por el repiqueteo de unas notas. Pongo en blanco la mente y mis sentidos se concentran en la leve levedad de los milisegundos que tarda en llegar a mis oídos una retahíla de notas. Entonces olvido lo bueno y lo malo y concentro la existencia en el punto de la sonrisa inocua e infantil que solo el loco puede poner de vez en cuando.

Saltar me apetece. Aunque saltar no sea más que la mejor metáfora sobre la existencia humana, del suelo vienes y en el suelo acabarás. Pero sentirte en el aire unos instantes preciosos es como quedarte mirando los diamantes de Tiffany's desde el escaparate con un café en la mano. Instantes. La felicidad no se intenta, se tiene o no. Momentos de todo hay en verdad en la vida. Ahora sonrío, quizás lo próximo que cuente sean otra vez mis soledades eternamente vitales. Pero en la mismidad de uno mismo está todo, lo bueno y lo malo, lo feliz y lo triste, lo salado y lo dulce, el placer y el dolor. Se pueden mirar los toros desde la barrera... Otra cosa es lo que cada uno sentimos ante ese maltrato animal.

Voy a ir por múltiples caminos de espinas y por otros de rosas, que se juntarán en un eterno horizonte que alcanzaré un día, en un momento en el que después del cual no podré volver a pensar. Y mientras tanto ahogo las penas y las alegrías, de éste y de cualquier día, escribiendo, estudiando, saliendo, riendo, llorando... Pero siempre en gerundio.



Ir a la playa en invierno en bañador en pleno mes de enero en el hemisferio norte no es lo más cuerdo que recuerdo.

jueves, 6 de enero de 2011

Telarañas de repetición



Círculos que me devuelven al mismo lugar donde ahogar mis desdichas en un manantial. Los ríos de tinta que un día escribí se han quedado para siempre ya aquí. Lo que me causa impotencia es leer una y otra vez sentimientos de años y años atrás que hay días aún que me salen sin parar.

Agua escurridiza entre mis dedos ha de resbalar. Es algo físico, es algo normal. Pero después hay muchas personas que me hacen igual. Se escurren sin parar en cuanto ven algo que no quieren soportar. Es difícil, quizás pida demasiado, pero estos últimos meses a muchos de mis límites he llegado. Me he encontrado teniendo que tragar el agua gélida de mi propio manantial aderezada con especias que me echaban por ahí que congelaban ese agua muy dentro ya de mí. Mas como siempre ayuda no hay, porque no la pido también es verdad. Yo voy con mi mierda y con la de los demás.


Ahora me he vuelto loco. Casi sin querer. Todo me da igual o eso parezco creer. No sé cuanto duraré en esta edad del pavo, casi temporal, que me han regalado los reyes esta Navidad. El final se acerca. Esa realidad, donde veo que tanto ha cambiado en general pero en mi alma, en mi interior, algún ser superior, en quien no creo, hubo de criogenizar las mismas sensaciones en un ciclo sin fin, como la función seno pero para mí. Esa realidad sé yo que sigue ahí y después de la locura volverá a estar allí, en una cama solo escribiendo aquí otra vez de lo mismo, de lo que ya repetí una vez y mil. Es mi tema estrella adornado por mí, porque sino me aburro ya de repetir mis hartazgos varios en este mundo vil. Es una telaraña que me envuelve por doquier, estrangula poco a poco, de la manera más cruel. Pero ya no siento nada, ni placer en el burdel, estoy en una burbuja que muy pronto explotaré.

jueves, 26 de agosto de 2010

Inevitable


El Sol se pone todos los días para después volver a salir. La Luna se esconde también ahí arriba en ese cielo que nos cubre cual bóveda bella como ninguna. No se puede evitar.

Los seres humanos vivimos mientras estamos vivos. Después morimos y antes simplemente no existimos. No se puede evitar.

Después en otro orden de cosas, está todo aquello que soy yo el que no puedo evitar. No puedo evitar sentirme mal. Puedo evitar no saber los porqués. Ahora parece que ya no lo evito pero más que un problema que me quito es... la confirmación de una mentira. Donde dije digo digo Diego.

Miro a mi alrededor y no paro de ver esas piezas complicadas del más sutil ajedrez. Dos alfiles, dos torres, dos caballos y una reina y un rey. Después ya lo peones pares también. ¿Y qué significa ser par? Que por dos te dividirás. Pero yo soy uno nada más y cualquier división que no sea por mí mismo acabará dividiendo lo poco que soy, lo poco que tengo.

En la vida hay quien nos convence de que es como uno mismo, de lo bonita que es la amistad... Y te das cuenta de la gran mentira... Todo acaba con el número par y sólo entonces se empieza a jugar. Mientras yo sigo fuera, sin poder jugar a ese ajedrez vital. Pasa el tiempo y nada pasa ya. Uno se acostumbra. No se puede evitar.

Era inevitable que la ballena se convirtiera en orca asesina.

lunes, 23 de agosto de 2010

Tildes


Un día te das cuenta de que te gustan los hiatos formados con tildes y todo cambia. La suave perfección imperfecta del diptongo se rompe por algo más suave y más etéreo que una vocal pronunciable. La tilde señala de manera descarada y maleducada donde está lo tónico. Pero, ¿y las demás? ¿Qué pasa con las desgraciadas átonas?

¿Preguntas absurdas? Puede que sí o puede que no, pero mi absurdo discurso no carece de razón. De una razón tonta y disparatada pero cierta. De una verdad que nace de la mentira de personificar lo inerte. Aunque peor sea... convertir en nada lo vivo sólo porque quedó rezagado.

Nos pasamos todo el año esperando el verano. Después llega cada año una vez y pasa de la misma manera en que llegó: con más pena que gloria. Pero se sacan cosas, se ve la suave cuesta en que se ha convertido la vida conforme uno entra en la vida adulta más y más empinada.

Este verano sólo ha traído una decisión tomada en el último consejo de gobierno de la república independiente de mí mismo: expulsar de mi estado a unos cuantos que llamaba amigos y ya no lo son. No hay rencor, ni xenofobia, ni odio, ni nada malo. Sólo la toma de conciencia de que el tiempo no deja títere con cabeza. Y que si algún día me vieron a su lado ya no se acuerdan...

Las memorias de pez las tienen los peces. Los disco duros humanos suelen albergar bastante más información. Quien no retiene en sí mismo ciertos datos, imágenes y recuerdos necesarios para entender, comprender y apreciar el futuro... vivirá un eterno presente sin chubasquero ni paraguas pues ya no se acuerda de donde estaban.

Y quiero poner el acento en que hay quien se salva, hay quien lleva una tilde en mi vida. ¿Por qué? Porque que fea sonaría la sinfonía de mi vida, a veces triste y a veces alegre, sin poner cada palabra en su lugar y con su forma, para hacer la retahíla de palabras que escribo algo legible, por si algún día alguien decide meter mis palabras en un traductor. Por lo menos si no le sale pollo o cochinillo... le saldrá parecido.

No tengo remedio, siempre pensando en los demás y tan poco en mí mismo. Pero algo ha cambiado aunque me tilden de egoísta quienes mi yo anterior conocieron. Ha llegado la hora, las horas... ¿Podré llevarlo a cabo? No lo sé, será difícil porque la inercia de toda una vida no se cambia en un diferencial de segundo.

Tildar... Suena despectivo, ¿verdad?

domingo, 25 de julio de 2010

Estío tatuador


Llega el estío, el calor infernal. Mi infierno renace, una vez más. Pero ahora es distinto y a la misma vez igual. Ciclos vitales lo llaman pero yo estoy harto ya.

Hay fuego en mi pecho, cruel ansiedad, que a veces me impide hasta respirar. Todas mis ilusiones se han desvanecido. Estoy más solo de lo que había creído. Pero lo que no es normal es que después de labrar más de diez años en ese bancal, nada haya ni para desayunar. He cometido errores, no lo puedo negar, pero parece que le hubiera echado sal en vez de ese tiempo baldío de esfuerzo para los demás que ahora no sirve para nada.

La pasarela de la moda, para no desentonar, se cerró en mis narices cual bivalvo en alta mar. Y me encerré en mi aposento, en el más cerebral, para ver que no estaba tan mal, estaba fatal. Se olía a podrido y a soledad. Eso me pasa por tonto y por malgastar las horas y horas ahí, en los demás. De bueno ya más no me voy a pasar sino que sacaré la bestia a pasear.

He sido el peor de los ciegos, aquel que no ve, no porque no pueda, si no porque no quiere ver. Aunque mi lamento está tatuado con lágrimas negras este verano. Por ello deseo desaparecer ya de una vez. Cambiar de vida aunque antes he de acabar lo que he empezado con toda la dignidad. Quiero volver a la rutina más invernal y trabajar a más no poder con un abrigo o un anorak para poder ocultar y olvidar este tatuaje estival.

miércoles, 16 de junio de 2010

Soldadito sin plomo

La vida es todo lo que en realidad tenemos. El latir de nuestros corazones, el funcionamiento de nuestra masa cerebral, las constantes vitales sin descanso los fines de semana ni tan siquiera para dormir. Pero todo lo automático, lo importante, lo revestimos con la chaqueta del pasotismo casi extremo. El incesante goteo de segundos en la tubería desenfrenada de lo vivido coloca lo que se hace solo en la categoría de lo inerte, de lo que apenas existe. Todo lo demás lo revestimos de una importancia suprema, de la importancia que tiene todo aquello que no la tiene.

Cuando no hay nada mejor que hacer el aburrimiento se yergue en general, o más bien en el soldadito de plomo que un pez un día se comió y acabó en otros mares que yo nunca veré...

Pero claro al levantarnos de la cama, después de haber hecho nada y no haber hecho algo, la vida se nos antoja cruelmente inservible, vorazmente inútil, asquerosamente estancada. Mientras yo sueño con todo aquello que no hago, busco todo aquello que no encuentro, cojo todo aquello que no es mío.

Y de repente el odio de los demás quema mi espalda. Odio de aquellos que sólo son capaces de ver su única cicatriz, la del ombligo. No ven la de mi frente, a la derecha, por meterme a defender a quien después se alejó. Nadie nos debe nada, si no lo ha firmado un juez o un notario o ha salido en algún medio de comunicación y lo ha visto hasta el soldadito antes de salir del agua en pos del aire que le falta.

¿Tengo alma? Si es así, que me la quiten. Si no es así, que me la pongan. Sólo necesito algo diferente. Sólo necesito que no me sigan mirando a los ojos como si no pasara nada, como si no hubieran visto que dentro de mis ojos hay lagrimas que no ven, o quizás sí. Sólo necesito un bello ángel que me lleve en volandas a un nuevo mundo, donde todo lo demás dé igual.

sábado, 12 de junio de 2010

Roturas frágiles


Creo que voy a romperme tras el despertar vespertino. Las teclas del piano siguen sonando, recalcando errores cometidos sin querer en una vida que es mía y de nadie más. Si las teclas las toco yo vale, lloro, me lamento y todo pasa como un cuento. Pero cuando me las tocan parece que la frágil estructura ósea de mi piel va a colapsar en pos del suelo.

Siempre quise tener una jardinera, para poder plantar flores, hortalizas y plantas varias. Pero ahora que la tengo no sé que más quiero. El problema de haber leído una página es supremo si no se tienen fuerzas para pasar a la siguiente.

La dulce tostada de margarina y azúcar se derritió por el calor formando una extraña mezcla. Nunca supe su nombre, hay cosas que no lo tienen. Es triste, aunque lo es más cuando el xilófago se come a la madera, pues ya no hay madera que valga. Y algo así me pasa, aunque mis termitas son de carne y hueso.

No hay mayor fragilidad que la de un alma herida, hasta los huesos humanos o vidrios son menos frágiles que la extraña oscuridad del oscuro pasajero que llevo dentro.

"Juro por las patas de mi cama que, aunque no parecen nada, me sujetan mientras duermo. "