¿Dónde has entrado?

Acabas de entrar a un extraño mundo, donde el discernimiento humano escribe con una extraña pluma. Mi teclado es rodeado por mi locura en un extraño halo que no puedo alcanzar a definir y cuando se mezcla con algunos profundos sentimientos... da este blog como resultado.

martes, 15 de marzo de 2011

Endeble e indeleble


Indeleble, que no se puede borrar. Así es la vida, los recuerdos, esas marcas imborrables del cerebro. Así es la vida, las necesidades primitivas y no tanto, que nos llaman, que nos hacen sentir fuerzas incontrolables y animalescas. Así es la vida, un próximo futuro ilusorio, un perpetuo presente cobarde, un incansable pasado indeleble.

Cuando falta valor la ansiedad invade el corazón, se adueña de él. Las telarañas empiezan a rodear de una manera descarada el músculo vital. El órgano se encoge cual enano entre gigantes ante la necesidad de ser apretado, de que le saquen todo el jugo, de latir salvajemente por algo o alguien. Los átomos de los tejidos del corazón no están fabricados con una aleación de hierro y carbono, pero suenan, resuenan... a pesar de ser endebles.

Los pasos siguen, el caminante sigue su curso en el cegador camino de la vida. ¿Miedo a echar a correr hacia atrás? No, arrastré muchas cosas buenas, pero no todo lo que quería. Y quizás algún día sea lo más adecuado huir despavorido a refugiarme en algunos brazos, a besar algunos labios, a escribir algún cuento chino para niños del Japón...

Pero, ¿porqué parece la vida tan endeble e indeleble? ¿Lo es?


lunes, 21 de febrero de 2011

Elegía al yo consciente


Tu ojo podría ver cien rayas paralelas sobre una uña a un metro de distancia. Pero tu cerebro no le deja. Selecciona sin pedirte permiso. Una broma más de la mentira que es la vida. Piensas que eres tú, que tomas tus propias decisiones pero no... el subconsciente es la mano negra que te rige, sin que tu consciente hábilmente manipulado se dé cuenta. Y esto no es mío, no es otra elucubración hipnótica de mi mente, es ciencia comprobada y comprobable. Hay que joderse.

Ahora es cuando empiezo yo, o mi subconsciente, a viajar por un mundo mío pero inerte sin saber si hablar en primera o tercera persona pues soy yo y ello a un tiempo. Va a ser más verdad que nunca eso del extraño que llevamos dentro. Asumirlo es lo más duro, es constatar que la empresa no la lleva el jefe sino los secretarios, y perder con ello siglos cogidos con pinzas por el intelecto común de la humanidad.

Las implicaciones personales son devastadoras. Pierdo el norte de una vez por todas porque en realidad nunca lo tuve. Fui, soy y seré sólo un amalgama de necesidades evolutivas que me llevan hacia el fin... y sin poder perpetuar la especie.

Quiero pensar, aunque no sé si yo lo hago, que el extraño es parte de mí aunque no nos entendamos. Ya bastante hay fuera, bastantes asquerosas repulsiones egoístas acciones de verdaderos otros seres cuyo único objetivo es perpetuarse en el mundo sin llegar a plantearse que en lo efímero está la respuesta. No puedes inmortalizar lo condenado al olvido y a la muerte.

viernes, 21 de enero de 2011

Invernales playas desiertas


A veces cambio el sonido, el ruido banal y deforme, por música. Me dejo llevar por el repiqueteo de unas notas. Pongo en blanco la mente y mis sentidos se concentran en la leve levedad de los milisegundos que tarda en llegar a mis oídos una retahíla de notas. Entonces olvido lo bueno y lo malo y concentro la existencia en el punto de la sonrisa inocua e infantil que solo el loco puede poner de vez en cuando.

Saltar me apetece. Aunque saltar no sea más que la mejor metáfora sobre la existencia humana, del suelo vienes y en el suelo acabarás. Pero sentirte en el aire unos instantes preciosos es como quedarte mirando los diamantes de Tiffany's desde el escaparate con un café en la mano. Instantes. La felicidad no se intenta, se tiene o no. Momentos de todo hay en verdad en la vida. Ahora sonrío, quizás lo próximo que cuente sean otra vez mis soledades eternamente vitales. Pero en la mismidad de uno mismo está todo, lo bueno y lo malo, lo feliz y lo triste, lo salado y lo dulce, el placer y el dolor. Se pueden mirar los toros desde la barrera... Otra cosa es lo que cada uno sentimos ante ese maltrato animal.

Voy a ir por múltiples caminos de espinas y por otros de rosas, que se juntarán en un eterno horizonte que alcanzaré un día, en un momento en el que después del cual no podré volver a pensar. Y mientras tanto ahogo las penas y las alegrías, de éste y de cualquier día, escribiendo, estudiando, saliendo, riendo, llorando... Pero siempre en gerundio.



Ir a la playa en invierno en bañador en pleno mes de enero en el hemisferio norte no es lo más cuerdo que recuerdo.

jueves, 6 de enero de 2011

Telarañas de repetición



Círculos que me devuelven al mismo lugar donde ahogar mis desdichas en un manantial. Los ríos de tinta que un día escribí se han quedado para siempre ya aquí. Lo que me causa impotencia es leer una y otra vez sentimientos de años y años atrás que hay días aún que me salen sin parar.

Agua escurridiza entre mis dedos ha de resbalar. Es algo físico, es algo normal. Pero después hay muchas personas que me hacen igual. Se escurren sin parar en cuanto ven algo que no quieren soportar. Es difícil, quizás pida demasiado, pero estos últimos meses a muchos de mis límites he llegado. Me he encontrado teniendo que tragar el agua gélida de mi propio manantial aderezada con especias que me echaban por ahí que congelaban ese agua muy dentro ya de mí. Mas como siempre ayuda no hay, porque no la pido también es verdad. Yo voy con mi mierda y con la de los demás.


Ahora me he vuelto loco. Casi sin querer. Todo me da igual o eso parezco creer. No sé cuanto duraré en esta edad del pavo, casi temporal, que me han regalado los reyes esta Navidad. El final se acerca. Esa realidad, donde veo que tanto ha cambiado en general pero en mi alma, en mi interior, algún ser superior, en quien no creo, hubo de criogenizar las mismas sensaciones en un ciclo sin fin, como la función seno pero para mí. Esa realidad sé yo que sigue ahí y después de la locura volverá a estar allí, en una cama solo escribiendo aquí otra vez de lo mismo, de lo que ya repetí una vez y mil. Es mi tema estrella adornado por mí, porque sino me aburro ya de repetir mis hartazgos varios en este mundo vil. Es una telaraña que me envuelve por doquier, estrangula poco a poco, de la manera más cruel. Pero ya no siento nada, ni placer en el burdel, estoy en una burbuja que muy pronto explotaré.

jueves, 26 de agosto de 2010

Inevitable


El Sol se pone todos los días para después volver a salir. La Luna se esconde también ahí arriba en ese cielo que nos cubre cual bóveda bella como ninguna. No se puede evitar.

Los seres humanos vivimos mientras estamos vivos. Después morimos y antes simplemente no existimos. No se puede evitar.

Después en otro orden de cosas, está todo aquello que soy yo el que no puedo evitar. No puedo evitar sentirme mal. Puedo evitar no saber los porqués. Ahora parece que ya no lo evito pero más que un problema que me quito es... la confirmación de una mentira. Donde dije digo digo Diego.

Miro a mi alrededor y no paro de ver esas piezas complicadas del más sutil ajedrez. Dos alfiles, dos torres, dos caballos y una reina y un rey. Después ya lo peones pares también. ¿Y qué significa ser par? Que por dos te dividirás. Pero yo soy uno nada más y cualquier división que no sea por mí mismo acabará dividiendo lo poco que soy, lo poco que tengo.

En la vida hay quien nos convence de que es como uno mismo, de lo bonita que es la amistad... Y te das cuenta de la gran mentira... Todo acaba con el número par y sólo entonces se empieza a jugar. Mientras yo sigo fuera, sin poder jugar a ese ajedrez vital. Pasa el tiempo y nada pasa ya. Uno se acostumbra. No se puede evitar.

Era inevitable que la ballena se convirtiera en orca asesina.

lunes, 23 de agosto de 2010

Tildes


Un día te das cuenta de que te gustan los hiatos formados con tildes y todo cambia. La suave perfección imperfecta del diptongo se rompe por algo más suave y más etéreo que una vocal pronunciable. La tilde señala de manera descarada y maleducada donde está lo tónico. Pero, ¿y las demás? ¿Qué pasa con las desgraciadas átonas?

¿Preguntas absurdas? Puede que sí o puede que no, pero mi absurdo discurso no carece de razón. De una razón tonta y disparatada pero cierta. De una verdad que nace de la mentira de personificar lo inerte. Aunque peor sea... convertir en nada lo vivo sólo porque quedó rezagado.

Nos pasamos todo el año esperando el verano. Después llega cada año una vez y pasa de la misma manera en que llegó: con más pena que gloria. Pero se sacan cosas, se ve la suave cuesta en que se ha convertido la vida conforme uno entra en la vida adulta más y más empinada.

Este verano sólo ha traído una decisión tomada en el último consejo de gobierno de la república independiente de mí mismo: expulsar de mi estado a unos cuantos que llamaba amigos y ya no lo son. No hay rencor, ni xenofobia, ni odio, ni nada malo. Sólo la toma de conciencia de que el tiempo no deja títere con cabeza. Y que si algún día me vieron a su lado ya no se acuerdan...

Las memorias de pez las tienen los peces. Los disco duros humanos suelen albergar bastante más información. Quien no retiene en sí mismo ciertos datos, imágenes y recuerdos necesarios para entender, comprender y apreciar el futuro... vivirá un eterno presente sin chubasquero ni paraguas pues ya no se acuerda de donde estaban.

Y quiero poner el acento en que hay quien se salva, hay quien lleva una tilde en mi vida. ¿Por qué? Porque que fea sonaría la sinfonía de mi vida, a veces triste y a veces alegre, sin poner cada palabra en su lugar y con su forma, para hacer la retahíla de palabras que escribo algo legible, por si algún día alguien decide meter mis palabras en un traductor. Por lo menos si no le sale pollo o cochinillo... le saldrá parecido.

No tengo remedio, siempre pensando en los demás y tan poco en mí mismo. Pero algo ha cambiado aunque me tilden de egoísta quienes mi yo anterior conocieron. Ha llegado la hora, las horas... ¿Podré llevarlo a cabo? No lo sé, será difícil porque la inercia de toda una vida no se cambia en un diferencial de segundo.

Tildar... Suena despectivo, ¿verdad?

domingo, 25 de julio de 2010

Estío tatuador


Llega el estío, el calor infernal. Mi infierno renace, una vez más. Pero ahora es distinto y a la misma vez igual. Ciclos vitales lo llaman pero yo estoy harto ya.

Hay fuego en mi pecho, cruel ansiedad, que a veces me impide hasta respirar. Todas mis ilusiones se han desvanecido. Estoy más solo de lo que había creído. Pero lo que no es normal es que después de labrar más de diez años en ese bancal, nada haya ni para desayunar. He cometido errores, no lo puedo negar, pero parece que le hubiera echado sal en vez de ese tiempo baldío de esfuerzo para los demás que ahora no sirve para nada.

La pasarela de la moda, para no desentonar, se cerró en mis narices cual bivalvo en alta mar. Y me encerré en mi aposento, en el más cerebral, para ver que no estaba tan mal, estaba fatal. Se olía a podrido y a soledad. Eso me pasa por tonto y por malgastar las horas y horas ahí, en los demás. De bueno ya más no me voy a pasar sino que sacaré la bestia a pasear.

He sido el peor de los ciegos, aquel que no ve, no porque no pueda, si no porque no quiere ver. Aunque mi lamento está tatuado con lágrimas negras este verano. Por ello deseo desaparecer ya de una vez. Cambiar de vida aunque antes he de acabar lo que he empezado con toda la dignidad. Quiero volver a la rutina más invernal y trabajar a más no poder con un abrigo o un anorak para poder ocultar y olvidar este tatuaje estival.

miércoles, 16 de junio de 2010

Soldadito sin plomo

La vida es todo lo que en realidad tenemos. El latir de nuestros corazones, el funcionamiento de nuestra masa cerebral, las constantes vitales sin descanso los fines de semana ni tan siquiera para dormir. Pero todo lo automático, lo importante, lo revestimos con la chaqueta del pasotismo casi extremo. El incesante goteo de segundos en la tubería desenfrenada de lo vivido coloca lo que se hace solo en la categoría de lo inerte, de lo que apenas existe. Todo lo demás lo revestimos de una importancia suprema, de la importancia que tiene todo aquello que no la tiene.

Cuando no hay nada mejor que hacer el aburrimiento se yergue en general, o más bien en el soldadito de plomo que un pez un día se comió y acabó en otros mares que yo nunca veré...

Pero claro al levantarnos de la cama, después de haber hecho nada y no haber hecho algo, la vida se nos antoja cruelmente inservible, vorazmente inútil, asquerosamente estancada. Mientras yo sueño con todo aquello que no hago, busco todo aquello que no encuentro, cojo todo aquello que no es mío.

Y de repente el odio de los demás quema mi espalda. Odio de aquellos que sólo son capaces de ver su única cicatriz, la del ombligo. No ven la de mi frente, a la derecha, por meterme a defender a quien después se alejó. Nadie nos debe nada, si no lo ha firmado un juez o un notario o ha salido en algún medio de comunicación y lo ha visto hasta el soldadito antes de salir del agua en pos del aire que le falta.

¿Tengo alma? Si es así, que me la quiten. Si no es así, que me la pongan. Sólo necesito algo diferente. Sólo necesito que no me sigan mirando a los ojos como si no pasara nada, como si no hubieran visto que dentro de mis ojos hay lagrimas que no ven, o quizás sí. Sólo necesito un bello ángel que me lleve en volandas a un nuevo mundo, donde todo lo demás dé igual.

sábado, 12 de junio de 2010

Roturas frágiles


Creo que voy a romperme tras el despertar vespertino. Las teclas del piano siguen sonando, recalcando errores cometidos sin querer en una vida que es mía y de nadie más. Si las teclas las toco yo vale, lloro, me lamento y todo pasa como un cuento. Pero cuando me las tocan parece que la frágil estructura ósea de mi piel va a colapsar en pos del suelo.

Siempre quise tener una jardinera, para poder plantar flores, hortalizas y plantas varias. Pero ahora que la tengo no sé que más quiero. El problema de haber leído una página es supremo si no se tienen fuerzas para pasar a la siguiente.

La dulce tostada de margarina y azúcar se derritió por el calor formando una extraña mezcla. Nunca supe su nombre, hay cosas que no lo tienen. Es triste, aunque lo es más cuando el xilófago se come a la madera, pues ya no hay madera que valga. Y algo así me pasa, aunque mis termitas son de carne y hueso.

No hay mayor fragilidad que la de un alma herida, hasta los huesos humanos o vidrios son menos frágiles que la extraña oscuridad del oscuro pasajero que llevo dentro.

"Juro por las patas de mi cama que, aunque no parecen nada, me sujetan mientras duermo. "

miércoles, 19 de mayo de 2010

Ríos de pinta

Las ratas se marchan ya en pos de ríos de sangre que chupar. Chirriaron con sus hocicos como suenan los goznes de una puerta anciana. Su sonido era el peso sobre mis tímpanos de lo que tengo y de lo que no. No quiero lo que tengo y quiero lo que no tengo. No me autocompadezco de mí mismo. Nunca sirvió para nada. Pero todos los días me despierto en el mismo lugar con la canción de una arquitectura racional cayendo al suelo de las ruinas más pesadas.

De repente empiezas a odiar las escuelas pues en ellas están los únicos seres realmente felices de este mundo. Es feliz el necio, y semifeliz el que se lo hace. Porque la ignorancia es una grado más en el deconstructivismo absurdo actual.

La historia interminable sí acababa. Sí se distingue el cuadro blanco sobre fondo blanco. Nadie vive ya en la Casa de la Cascada, ni en la Casa Farnsworth, ni en la Ville Savoye. Nadie sabe exactamente qué hay detrás del fin.

Cambio, me cambian, me cambio. Y aunque puedas ver la misma cara que hace un año sólo sabrás que estoy detrás. Porque todo puede haber cambiado. Puede que sí, puede que no. La búsqueda de los seres que nos rodean todos los días es la más difícil. Nunca sabes lo que piensan, nunca sabes lo que sienten, nunca sabes si se ríen cuando giras la cabeza.

Contradicciones absurdas como un samba alemana o una sardana portuguesa. Sinsentidos terroristas del amor inexistente de la nochevieja del año 88 cuando aún no existía. Corazones que necesitan un motor a gasolina.

Rabia. Mucha rabia. Querer gritar y no poder hacerlo. La vida urbana es un vasallaje encubierto al asfalto, al hormigón y a los ladrillos de gomaespuma compresible para que los bebés que aún no saben como funciona esto puedan llegar a ver que el diez no existe.

Borrachera insoportable de sobriedad.

Los padres no existen... son los reyes...