¿Dónde has entrado?

Acabas de entrar a un extraño mundo, donde el discernimiento humano escribe con una extraña pluma. Mi teclado es rodeado por mi locura en un extraño halo que no puedo alcanzar a definir y cuando se mezcla con algunos profundos sentimientos... da este blog como resultado.

miércoles, 24 de enero de 2007

Mis mil y una inexistentes osadías


Quizá algún día me atreva a cambiar mi mundo, a gritar todo aquello que llevo tan adentro, a desnudar mi ser inteligible a los demás. Quizá algún día lo haga pero antes deberé haber perdido muchos miedos que me recorren por dentro.

Desde fuera lo que hay dentro parece sencillo, al fin y al cabo, lo de dentro no tiene que luchar contra los agentes externos. Sin embargo, a veces, nuestro corazón sufre a pesar de todas las capas que le protegen. En muchas ocasiones me pregunto si ya sé lo que es el amor o aún es una asignatura pendiente de mi existencia.

Me encantaría poder plantar un beso en su labios con descaro sin importarme lo que recibiré a cambio. Me encantaría poder tocar sus mejillas con mi mano mientras nos miramos.

Me gustaría sobremanera gritar susurrando en un río de inmensos chillidos que yo no estoy loco pero este mundo en el que todos vivimos me agarra con mil y un perjuiciosos prejuicios y no deja que libre yo chille. Vagos rumores escucho sobre una libertad lejana, sobre un amor correspondido que llene mi alma. Sin embargo mi ser me restringe una y mil llamadas a un mundo donde feliz esta vida se viva.

Por favor dame otra calada, de esa cosa que felicidad es llamada. Creía que todo iba a cambiar, que lejos de allí sería otro. Osé marcharme de casa, dejar allí todo lo que conocía para ser feliz, o eso me decía. Pero el mundo es el mismo, la tierra no cambia... e incluso aquí el clima engaña.

Te pediría que fueras tú quien me besaras pero no lo haré nunca a no ser que mi locura se dispare y me dé por decir mil y una verdades. Sin embargo lo mío no es enfermedad sino capricho de que vengan muchos a llorar mi nicho.

Vida, sólo te pido una cosa y es esa felicidad que ansío. Poco a poco te acercas, lo siento. El exilio me transportó un poquito más cerca de tus caprichosos brazos.

1 comentario:

Hada Morena dijo...

Las personas a veces no se ponen la mano sobre el pecho para ser crueles, es como si la crueldad fuese plaga y en cierta medida todos fuimos salpicados de ella, algunos buscan remedio, otros se adueñan de ella para alimentarla.

Creo y tengo la esperanza de que el mundo puede cambiar... en la medida que todos cambiemos de adentro se vera todo reflejado a fuera.

Un abrazo